Sí. Tanto la zona receptora del injerto como la zona donante pueden presentar cicatrices. Sin embargo, ambos son tratados con técnicas que minimizan su apariencia y tienden a volverse más discretos con el tiempo.
Generalmente el injerto comienza a integrarse en los primeros días, estabilizándose con el paso de las semanas. El seguimiento médico es fundamental para garantizar una buena cicatrización y evitar complicaciones.
La cirugía se realiza bajo anestesia, asegurando comodidad durante el procedimiento. En el postoperatorio puede haber sensibilidad en las zonas tratadas, controlada con la medicación adecuada.
La apariencia mejora progresivamente, pero puede haber diferencias de color y textura entre el injerto y la piel circundante. Con el tiempo y los cuidados adecuados, la integración estética tiende a ser satisfactoria y funcional.